Una izquierda desarmada


En el periodo de los años sesenta hasta finales de los setenta, la izquierda en México tenía otra configuración muy lejana a la que hoy tiene, tenía una estrategia, un plan alterno de gobierno y un proyecto de nación.

Las razones son multifactoriales, pero sin duda había una participacón directa de los modelos educativos heredados por la educación socialista de Lázaro Cárdenas, aunado al ánimo revolucionario de un estado naciente, que apenas unas décadas atrás había tenido su “primavera mexicana” encabezada por, según la versión oficial, por los emilianos zapatas, panchos villas, etc.

Y no digo que aquel modelo haya sido mejor que el actual, sino que tenía su esencia y su fundamento; la izquierda actual se asemeja a la propuesta de aquel título que José Revueltas imprimió a uno de sus ensayos políticos, publicado en 1962, “Un proletariado sin cabeza”.

La izquierda actual en México es demagoga, apela y utiliza como defensa argumentos gastados apegados a un romanticismo más que una ideología; mucho menos sabe como enfrentarse a los discursos de los tecnócratas liberales, que la dejan obsoleta con sus discursos de productividad y competitividad.

Carece de una estrategia, de un plan a seguir, sus representantes cumplen una mera función icónica que salvaguarda su comodidad, pues mientras se la pasan convocando a marchas, los chingazos nunca les llegan, pero su cheque del partido no falla.

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